Evaluación

Para una buena evaluación en Educación Infantil, y más concretamente en el área de Educación física, es fundamental la observación directa del alumnado mientras estos realizan las actividades, ya que consideramos que, debido a su corta edad y a las variables que se desean medir, es la mejor forma de hacerlo. Por este motivo, se deberá rellenar una ficha de observación del alumnado en cada sesión (anexo 6), lo que al final nos permitirá ver si ha existido realmente una progresión y un desarrollo en su aprendizaje.

Sin embargo, para realizar una correcta evaluación del alumnado, no solo hay que observarlos a ellos (su comportamiento, su evolución y progreso…) sino que es necesario observar nuestro trabajo como docentes y el ambiente de aprendizaje en el que se trabaja, ya que estas variables han podido afectar, tanto positiva como negativamente, en el aprendizaje y desarrollo de los/as pequeños/as. De esta manera, a lo largo del curso se podrán realizar las modificaciones oportunas para conseguir el mejor rendimiento y aprendizaje posible en el aula. 

Según Iglesias (2008), para observar el ambiente de aprendizaje se han de tener en cuenta cuatro variables: 
  • La dimensión física: es el espacio del que se dispone y su organización. 
  • La dimensión funcional: son las actividades que se han planteado en función del espacio. 
  • La dimensión temporal: es el tiempo del que se dispone y cómo está organizado. 
  • La dimensión relacional: son las relaciones en el aula de tipo docente-alumnado y alumnado-alumnado. 

Basándonos en Iglesias (2008), para llevar a cabo una evaluación observacional hay que poner en marcha un proceso de cuatro fases. La primera fase se inicia antes incluso de realizar las actividades en el aula, ya que consiste en identificar las variables que deseamos observar, tanto a nivel del ambiente de aprendizaje como de las capacidades que queramos evaluar en el alumnado. En la segunda fase se trata de observar en el aula y posteriormente anotar las variables que se hayan definido en la primera fase. La tercera fase es para analizar los contenidos observados anteriormente, reflexionar sobre cómo mejorar el ambiente de aprendizaje y ver si existe algún tipo dificultad o retraso en el desarrollo y aprendizaje del alumnado o por el contrario si todo está correcto. La cuarta fase consiste en intervenir, cuando sea necesario, para mejorar los factores que han sido evaluados.

En suma a todo lo mencionado anteriormente, es importante que el docente realice una ficha de evaluación para saber qué capacidades domina el alumnado en relación con los contenidos impartidos en nuestro proyecto.

Para concluir, decir que todo este proceso de observación directa estará dirigido a conseguir una evaluación continua del alumnado.

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